En
las mareas y embarazos influye mucho. En los asesinatos
resulta determinante. En julio todos somos irremediablemente
"hijos de la luna". Si aparece llena, con toda
su soberbia y esplendor, más vale atarse al cabecero de
la cama o encadenarse al aparato de aire acondicionado.
Noches extrañas en el mes más excitante.
Los parisinos eligieron julio para tomar una Bastilla y
hacer una Revolucion, los americanos una Independencia y
los españoles empezamos una Guerra.
Ahora, en tiempos de paz, por estas
fechas, los chiringuitos playeros se abarrotan, la España
rural mira quién baila en las verbenas populares -pero,
¿es que existen las verbenas impopulares?-, a ritmo de orquesta
de chunda chunda. Me quedo con el "julio urbanita",
cuando la ciudad no duerme ni falta que le hace. Calor,
asfalto y noche. Mucho peligro.
Barra libre para el instinto "más
canalla y sabinero" que todos llevamos dentro. El cuerpo
pide más de todo. Pide, incluso, comisaría. El alcohol de
las copas de terraza se evapora rapido y el "público
Ballantines" no conoce la prisa. Queda mucha noche.
Adiós a la prudencia.
Porque, una noche de julio y con
luna llena, cualquiera puede ser un asesino...
Alberto Maeso
Periodista
Nueva York, 7 de Diciembre de 2007
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