Montparnasse
(Paris) Primavera de 1.922
El
pintor prepara su paleta. Observa a la modelo
sentada enfrente. Una chica joven, muy de su época.
Una época faldicorta, alegre, exuberante y con afán de
modernidad… El artista entorna los ojos. El pelo corto
-a lo garçon-dice ella- sobresale del sombrero de
casquete al que adorna una larga pluma. El vestido
suelto desdibuja sus formas femeninas, pero le otorga
frescura y en cierto modo redescubre la sensualidad
de lo escondido. Su intención andrógina no es si no
un coqueto disfraz de su feminidad.
Tras los ventanales del estudio, se ve a lo lejos otros.
De
interior iluminado escapan las notas de jazz. La fiesta
simboliza la joie de vivre de aquellos locos años 20 y las
mujeres desparraman el glamour de una moda que ha
tijereteado sus faldas para que bailen el Charleston y las
ha adornado con lentejuelas para que brillen como
candilejas de un escenario exótico en que sus telas
brillantes, prendidas de flecos las convierten en
luciérnagas. Otras se atuendan con trajes vaporosos
que las hacen odaliscas de un reino de fantasía. Se
mueven al ritmo de la orquesta y de una moda que ha
roto moldes y les ha dado libertad.
Tito del Muro
Escritor.
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